Pérdida de un embarazo


Cuando se pierde un embarazo, el peor de los miedos se ha hecho realidad




Multitud de mujeres pasan por esta dolorosa experiencia durante su etapa fértil. Hasta un 15% de los embarazos confirmados terminan en aborto antes de que finalice el primer trimestre. A éstos, habría que sumar un tanto por ciento muy elevado de casos que no se cuantifican porque se confunden con reglas muy abundantes. Hasta un 70 por ciento de los abortos se deben a anomalías cromosómicas del embrión.

Sin embargo, estas razones tan contundentes no nos sirven de consuelo. 

Porque esperábamos con ilusión al que ya sentíamos como nuestro hijo. Porque estábamos pensando nombres y puede que hasta le hubiéramos comprado ropa. De repente, sin aviso, sin preparación, la alegría se convierte en dolor.

Un dolor muy difícil de compartir. Nadie conoce nuestro dolor, su profundidad y el caos que nos puede generar... porque es algo tremendamente personal a lo que difícilmente puede llegar nadie. Porque es nuestro dolor! Un dolor que nada tiene que ver con el tamaño del bebé.

La rabia, la culpa, el miedo, la inseguridad, la nostalgia, la tristeza son emociones que se despiertan de una forma natural. Es nuestra defensa ante un cambio que nos resulta demasiado duro. 

Y si le sumamos la vorágine hormonal a la que nos vemos sometidas... a las prisas del entorno y de la sociedad... ante una pérdida, el cuerpo pide tiempo! como tras cualquier parto! pero ¿cómo se va a hablar del puerperio sin bebé, si apenas se habla del puerperio con él?

¿Y ante un nuevo embarazo? Ilusión! pero también... mucho miedo! La espera nunca volverá a ser igual, ni parecida, tras una pérdida.

Por todo ello, cuando esta dura experiencia tiene lugar, es preciso abordarla desde la correcta información, el buen acompañamiento y apoyo del entorno, los rituales de despedida, y la intervención psicológica si fuera necesario.

La Doula que acompaña pérdidas gestacionales, perinatales y su duelo, escucha el dolor de la madre que ha sufrido una pérdida, desde la compañía, el respeto y la comprensión, facilitando los recursos que precise, y apoyando a los que la acompañan cada día.


"Quién mejor que aquel que ha sentido en carne propia una herida, puede curar tan suavemente la misma en otro"

T.Jefferson


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