Todas las mujeres merecemos una Doula


Todas las mujeres merecemos una Doula en la escena del parto. También merecemos a una Doula lúcida e inteligente durante el puerperio, capaz de traducir lo que nos pasa y habilitándonos a que nos sumerjamos en las hendiduras de nuestra alma, si pretendemos entregarnos al niño que hemos traído al mundo.

Hay Doulas preparadas para acompañar a las parturientas, y otras especialmente entrenadas para seguir el proceso puerperal. La Doula interpreta la “experiencia interior” de cada madre, avalando todos los cambios invisibles, y traduciendo al lenguaje corriente la realidad del puerperio. 




Las Doulas abren las puertas a los Misterios de la Maternidad. Porque a partir de cada madre puérpera que se encuentra a sí misma, el mundo entero se encuentra. Cada Doula que asiste a una puérpera, se sana a sí misma y sana a todas las mujeres. Cada palabra de apoyo, es una palabra de paz y de bienvenida al niño. Las Doulas nos incitan a que confiemos en nuestras elecciones, decidiendo según nuestras más íntimas creencias. Ellas nos recuerdan que somos merecedoras de todos los cuidados, porque de ello depende el futuro. 

Deberíamos poder pedir una doula desde el momento del nacimiento. O cuando el padre empieza a trabajar. Cuando el bebé llora y no podemos calmarlo. Cuando nuestros pechos duelen. Cuando queremos llorar y llorar. Cuando la soledad nos invade y creemos que todo lo hacemos al revés. 

Laura Gutman.