Parto sin Dolor


Dar a luz sin epidural no significa hacerlo con dolor. Existen alternativas naturales eficaces que contribuyen a mejorar el bienestar físico y emocional de la mamá durante el parto. 




· El agua. Los baños y las duchas con agua caliente son los métodos más eficaces –aparte de la epidural, por supuesto– para suavizar el dolor. Relajan, reducen la ansiedad, aumentan la sensación de control del dolor, acortan el periodo de dilatación y disminuyen el uso de medicamentos durante esta fase del parto. Sólo se necesita una ducha o una bañera –afortunadamente, cada vez más salas de dilatación las incorporan– y tener en cuenta algunas consideraciones: la temperatura del agua no puede superar los 37º C; la parturienta tiene que haber dilatado 4-5 centímetros, y la inmersión no debe exceder la hora y media o dos horas. 

· Libertad de movimientos. Poder moverse durante la dilatación, cambiar de postura con frecuencia y elegir aquellas que resultan más cómodas en cada momento –las verticales son las idóneas para la primera parte del parto– contribuye a disminuir la sensación de dolor. 

· Ejercicios de respiración y relajación. La relajación puede proporcionarte sensaciones de tranquilidad y control y disminuye la tensión muscular. Relajarte puede también disminuir tu percepción de dolor. Mediante diferentes técnicas que utilizan el control de la respiración puedes obtener un buen nivel de relajación, de bienestar y concentración. Durante el parto puedes utilizar cualquier técnica de relajación que conozcas. 

· Masajes. Son ideales para relajar unos músculos que probablemente estén demasiado tensos durante la dilatación. Además, un masaje en la espalda cuando la mujer tiene contracciones alivia mucho la zona lumbar. 

· Pelotas. La gimnasia con grandes balones medicinales es un ejercicio prenatal bastante extendido. La novedad es que cada vez más Maternidades también recurren a este tipo de pelotas hinchables y no excesivamente rígidas para ayudar en el periodo de dilatación. La mujer se sienta en ella y va realizando pequeños movimientos circulares con la cadera que ayudan al descenso del niño por el canal de parto y a ella le alivian mucho, pues consigue estirar los músculos abdominales y lumbares. 

· Suero fisiológico. Se trata de una técnica analgésica que usan algunos hospitales españoles y que consiste en la inyección de agua estéril en algunos puntos concretos de la espalda. Estas inyecciones, a dosis muy bajas y con pequeñas agujas, se ponen en la parte más baja de la zona lumbar, llamada rombo de Michaelis. La ventaja de este método es que el alivio del dolor puede durar hasta 90 minutos; la desventaja, que sólo calma las molestias lumbares, no las abdominales ni las perineales. 

Junto a estas técnicas existen otras que son menos habituales en la atención al parto en nuestro país. Entre ellos, destacan los TENS –muy usados en Gran Bretaña–, que son unos electrodos que se colocan en la zona dolorosa –normalmente, se colocan a ambos lados de la espina dorsal– y que generan unos pequeños impulsos eléctricos que alivian las molestias. 

Otros métodos: sobre estos y otros métodos no existe evidencia científica, pero ello no impide que en tu caso puedan ayudarte a disminuir las sensaciones dolorosas:

  • Acupuntura
  • Digitopuntura
  • Homeopatía
  • Reflexoterapia
  • Hipnosis
  • Musicoterapia
  • Aromaterapia

Sin olvidarnos del apoyo emocional y el acompañamiento respetuosoEn estudios realizados con grupos de parturientas que fueron acompañadas de una doula, se observó un descenso importante en la petición de anestesia por parte de las mamás, en comparación del grupo que no fue acompañado de ésta forma.









NO SIN TU CONSENTIMIENTO 

Eres tú quien elige cómo te gustaría dar a luz a tu hijo y el método que prefieres para aliviar el dolor, por eso es importante que conozcas las alternativas que te ofrece tu hospital (también las naturales), que te hablen de las ventajas e inconvenientes de cada opción y que manifiestes tus preferencias, bien al ginecólogo o bien al hospital, en tu “plan de parto”. 

Y también que tengas claro que, al final, la elección del método analgésico puede depender de factores como la fase del parto en la que te encuentres, la complejidad del mismo o cuál sea tu umbral del dolor. Si, por ejemplo, querías un parto sin anestesia pero luego necesitas y pides la epidural, te la pondrán si es posible (si hay anestesista y si el parto aún no está muy avanzado). 

Porque ¡bendita epidural en algunas ocasiones! sin embargo, no es el método más seguro, no es inocua y tiene sus riesgos

Por esto, te harán firmar un “consentimiento informado”, en el que asumes los riesgos y los posibles efectos secundarios que pueda tener la anestesia. En este documento también se indica que tienes pleno derecho a cambiar de opinión: si llegado el momento no quieres anestesia, no te la pondrán, salvo que el médico que te atiende lo considere necesario. 

Confía en ti y en tu médico/comadrona. Si eres capaz de controlar y aguantar el “trabajo de parto” sin ninguna ayuda farmacológica, estupendo. Pero si necesitas una analgesia para aliviar o eliminar el dolor, la Medicina te echará una mano.